«Hay una fuerza más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad.»
Albert Einstein
Toto es fanático del Jockey y de la primera, donde todos sus integrantes son sus ídolos, aunque si tuviera que elegir nombres, esos son Leandro Brunetto y Horacio Urtubey. Su sueño con el rugby es llegar a jugar en primera y una meta para él es devolverle al club algo de todo lo que le dio.
En su división juega de medio-scrum y dice entenderse de memoria con «el negro», Tomás Molina. Sus entrenadores dicen de él que es un jugador con una enorme entrega y pasión.
La historia que les vamos a contar se ubica en el año 2016, y es un ejemplo para grandes y chicos.
«Toto» era en ese entonces integrante de la división M-13, que estaba preparándose para el viaje de fin de año a las ciudades de Puerto Madryn y Trelew. Corría el mes de Mayo y su familia pasaba por un momento económico complicado, por lo que sus papás tuvieron que comunicarle que iba a ser difícil que fuera a ese viaje.
Toto es un chico muy querido dentro del club, por lo que, cuando Matías Borioli (coordinador del rugby infantil en ese momento) se enteró de la noticia, le comunicó a la familia que Toto viajaba «si o si».
La noticia le produjo sensaciones encontradas, por un lado la felicidad de viajar con el club, por el otro un sentimiento de «pesar» porque le estaban pagando el viaje. Tras unos días de preocupación tomó una decisión al respecto: iba a dar lo mejor de sí para pagar su viaje él mismo.
Así fue como vendió algunas pertenencias por internet, como una bicicleta vieja, y comenzó a hacer tortas, tomando pedidos, haciendo él mismo las tortas, envolviéndolas y haciendo la pertinente entrega. Con este esfuerzo llegó a pagar más de la mitad de su viaje, y un mes antes del viaje, se juntó con Matias Borioli e hizo entrega de lo recaudado, pidiendo a cambio, que el club ayudará a alguien más, de ser posible y necesario.
Sobre ese viaje el propio protagonista nos contó:
«La pasé muy bien, fue uno de los mejores viajes y lo disfruté un montón, porque sabía que fue con todo mi esfuerzo. Creo que sentí lo que sienten mis papás cada vez que me pagan un viaje.»
En la pequeña humanidad de Toto, uno puede observar que no hay que ser ni tan grande ni tan sabio para hacer lo correcto, sino estar criado con buenos valores, que nos servirán de brújula para desenvolvernos en la vida cotidiana. El compromiso, el sacrificio y la pasión fueron los valores se movilizaron dentro de él, para no dejar que nada lo detenga.
Una gran historia, un gran ejemplo.




